Sobre la misma cama y el mismo cielo, yo te invoco y no soy una mujer que recuerda,

soy el recuerdo corporizado en una carne aún viva.

Todo lo tuvimos, la tierra y el mar, nos amamos al borde de todos los amaneceres, dormimos

en el limite de las tribulaciones y nos despedimos cuando nos gano la distancia.

Ahora la mujer que soy te encuentra por casualidad y el joven voraz que eras, esta lejos...

Sin embargo me has nombrado en tus poemas y yo me he dormido en la memoria.

Algo nuestro perdura.

Se sostienen con la misma raiz  desafiando el silencio.