Quedan solamente
esas tardes de pensamiento.
Como una briza lejana de un amor lejano y borroso
pero sin balbuceos
y alguna promesa de madre
entre las ramas del destino.
No habrás de herir para no ser herido.
Y aquellos ojos lejanos,
señalando el rumbo...
La imágen es del pintor Pedro Rascado.-